Biografía de Lord
Acton
"La
libertad es la prevención del control por otros. Esto requiere
auto-control y, por lo tanto, influencias religiosas y espirituales;
educación, conocimiento, bienestar." --Lord
Acton
John
Emerich Edward Dalberg Acton -Primer Barón Acton de Aldenham-
nació en Nápoles, Italia, el 10 de enero de 1834.
Su padre, Sir Richard Acton, erea descendiente de una familia inglesa
de sólida reputación, y su madre, la Condesa Marie
Louise de Dalberg, provenía de una familia de Rhenish, que
era considerada la segunda en status, después de la familia
imperial alemana. Tres años después de que su padre
muriera, su madre se casó con Lord George Leveson (luego
conocido como Conde Granville, Canciller de William Gladstone),
y se mudó con la familia a Gran Bretaña. Con su educación
y origen cosmopolita, Acton se sentía cómodo tanto
en Inglaterra como en el Continente, y creció hablando inglés,
alemán, francés e italiano.
Impedido
de estudiar en la Universidad de Cambridge por ser católico,
John Acton estudió en la Universidad de Munich con el famoso
historiador eclesiástico Ignaz von Döllinger. A través
de las enseñanzas de Döllinger, Acton aprendió
a considerarse a sí mismo como un historiador. Siendo joven
cultivó una gran afición por políticos como
Edmund Burke, perteneciente al partido de los Whig, pero pronto
se convirtió en liberal. El tiempo que pasó con Döllinger
también le permitió ampliar su aprecio y conocimiento
de las teologías católica y reformada. A través
de sus estudios y de su propia experiencia, Acton tomó aguda
conciencia del peligro que cualquier persecución, política
o religiosa, trae consigo para la conciencia individual.
A
través de la influencia de su padrastro, Acton se dedicó
a la política electoral y entró en la Cámara
de los Comunes en 1859, como miembro del distrito electoral irlandés
de Carlow. En 1869, Gladstone premió a Acton por sus esfuerzos
en favor de las causas políticas liberales ofreciéndole
el título de Lord.
Anteriormente
Acton había adquirido el periódico Rambler, convirtiéndolo
en un periódico católico liberal dedicado a la discusión
de asuntos e ideas sociales, políticas y teológicas.
A través de esta actividad y a través de su participación
en el primer Concilio Vaticano, Lord Acton fue reconocido como uno
de los más fervientes defensores de la libertad religiosa
y política. Él sostenía que la Iglesia cumple
fielmente su misión alentando la búsqueda de la verdad
científica, histórica y filosófica y promoviendo
la libertad individual en el mundo de la política.
Durante
las décadas de 1870 y 1880 se vió continuar el desarrollo
del pensamiento de Lord Acton acerca de la relación entre
la historia, la religión y la libertad. Durante ese período
Acton comenzó a delinear una historia universal que documentara
el progreso de la relación entre la virtud religiosa y la
libertad personal. Acton se refería a su trabajo como una "teodicea", una defensa de la bondad de Dios
y de su provindencial cuidado del mundo.
En
1895 Lord Acton fue elegido Profesor Regio de Historia Moderna en
la Universidad de Cambridge. Desde este puesto profundizó
su visión de que la búsqueda de la verdad por parte
de los historiadores conlleva la obligación de emitir juicios
morales sobre la historia, aún cuando esos juicios desafíen
la propia opinión. A pesar de que nunca concluyó su
anticipada historia universal, Lord Acton delineó la Historia
Moderna de Cambridge y dio conferencias sobre la Revolución
Francesa, Historia Occidental desde el Renacimiento, y la historia
de la libertad desde la Antigüedad hasta el siglo XIX.
Cuando
murió en 1902, Lord Acton fue considerado una de las personas
más sabias de su época, inigualado por la amplitud,
profundidad y humanidad de su conocimiento. Se ha hecho famoso para
las generaciones futuras por su observación -resultado de
muchos años de estudio y experiencia personal- de que "el
poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe completamente".
Cronología
de la vida de Acton
1834 |
Acton
nace en Nápoles. |
1837 |
Muerte
de su padre, Sir Richard Acton. |
1840 |
Su
madre se casa con Lord Leveson Gower, más tarde segundo
Barón Granville. |
1843-48 |
Acton
alojado en Oscott bajo Wiseman. |
| 1850 |
Viaje
a Munich a estudiar con Ignaz von Döllinger. |
| 1853 |
Viaje a los Estados Unidos. |
| 1857 |
Viaje a Roma con Döllinger. |
| 1858-62 |
Co-propietario y colaborador del periódico católico
liberal Rambler. |
| 1859-65 |
Miembro del Parlamento representando a Carlow. |
| 1862 |
"Nacionalidad"
y "La teoría protestante de la persecución". |
| 1864 |
Encíclica de Pío IX Quanta Cura y Compendio de
errores. |
| 1864-68 |
Acton investiga exhaustivamente en archivos. |
| 1865 |
Acton se casa con la Condesa Marie von Arco-Valley. |
| 1865 |
Manning es nombrado Arzobispo de Westminster. |
| 1865-66 |
Miembro del Parlamento representando a Bridgnorth (GH, 93). |
| 1869 |
"La
Masacre de San Bartolomé". |
| 1869 |
Nombrado Barón Acton por Gladstone. |
| 1869-70 |
El Concilio Vaticano. |
| 1874-75 |
Gladstone publica tres artículos contra el Vaticano. |
| 1874 |
Acton responde en cuatro cartas al periódico The
Times. |
| 1875 |
Acton teme la excomunión. Es perdonado. |
| 1876 |
Gladstone lanza una cruzada contra las atrocidades búlgaras. |
| 1877 |
"La
Libertad en la Antigüedad" y "La Libertad en
la Cristiandad". |
| 1879-80 |
Campaña Midlothian de Gladstone. |
| 1880-85 |
Asesor del segundo gobierno de Gladstone y defensor del auto-gobierno
de los irlandeses. |
| 1889 |
Revisión de American Commonwealth de James Bryce. |
| 1892-95 |
Recibe el título de Lord in Waiting al servicio de la
reina Victoria. |
| 1895 |
Es nombrado Profesor Regio de Historia Moderna en Cambridge. Dicta
conferencias sobre historia moderna y sobre la Revolución
Francesa. Editor de la Historia Moderna de Cambridge. |
| 1902 |
Muere en Tegernsee. |
| 1904 |
Se publica la correspondencia entre Acton y Mary Gladstone. |
| 1906 |
El Cardenal Gasquet edita la correspondencia entre Acton y Simpson. |
| 1931 |
"Interpretación
de la Historia según los Whig" de Herbert Butterfield. |
| 1952 |
Gertrude Himmelfarb escribe "Lord Acton". Primer biografía
completa. |
El
Legado de una Educación
Introducción
Stephen J. Tonsor
Lord
Acton fue contemporáneo de Kim, de Rudyard Kipling. Kipling
había nacido en la India en 1865, Lord Acton en Nápoles
en 1834. De todos modos, Kipling y Kim compartieron la segunda mitad
del siglo diecinueve con Acton, por más improbable que eso
parezca.
Las
dos educaciones no podrían haber sido más distintas.
Kim es una novela en la tradición de lo que los alemanes
llaman la Bildungsroman, la educación de un héroe.
La educación de Acton como la describe James C. Holland -el
más importante estudioso estadounidense de Acton- en su conferencia
"El legado de una educación", tenía tan
poco de eso que se prestaría a los colores, las aventuras
y los entusiasmos de una novela.
¿Hubo
dos educaciones más distintas, en el mundo de habla inglesa
del siglo diecinueve, que las de Kimball O'Hara y John Emerich Edward
Dalberg Acton? La educación de Kim tuvo lugar, en su mayor
parte, fuera de las escuelas: en Lahore, Lucknow, la autopista Grand
Trunk, los bazares, la "te-rain," y en Saint Xaviers in
partibus. A pesar de que Kim era, con mucho esfuerzo, católico
de nombre, le podría haber enseñado al amigo de Acton,
el Barón von Hügel, un par de cosas sobre la religión
relativa.
Y
aún, a pesar de estas diferencias, el objeto y las consecuencias
de ambas educaciones era la libertad dentro de los límites
de la vida moral. Para Kim -como para Kipling- la ley era omnipresente,
ya fuera "la ley de la manada" o la ley más elevada
tal como la preveía el Lama. Acton fue envuelto y ahogado
por la ley moral como si uno fuera estrujado y metido en una armadura
dos talles más chica. La moral de Acton era menos del Nuevo
Testamento que lo que la de George Eliot era de Kant. Nadie nunca
dijo de Acton que fuera un santo, a pesar de que era considerado,
por consenso general y por admiración, un "buen"
hombre. Pero la bondad está tan lejos de la santidad como
la inteligencia lo está de la genialidad. Puede ser que Acton
estuviera menos calificado que Kipling para hablar de la religión.
La experiencia de Acton de lo Sagrado provenía de una relación
con clérigos, con los sistemas de los teólogos y con
las "evidencias" de la historia -ninguno de ellos necesariamente
recomendados como caminos hacia la santidad. John Henry Newman,
el conocido de Acton, cuya moral -según Acton- era defectuosa,
era el más cercano de los dos a la santidad. La diferencia
radica, quizás, en la falta de pasión en la vida y
en la educación de Acton, una pasión que estaba presente
tanto en la vida de Kimball O'Hara como en la de John Henry Newman.
Acton
podría haber sido el padre de Kipling, pero incluso en el
rápidamente cambiante siglo diecinueve, la educación
no cambió tanto. No fue sino hasta el final de ese siglo
que, después de mucho debate, se abrió el curriculum
en Oxford y Cambridge. Más importante aún, la educación
dependía, en el mejor de los casos, -igual que ahora- de
una correcta elección de los maestros. Tal como lo afirma
el profesor Holland, Acton fue muy afortunado en encontrar a los
maestros de Munich, y ¿qué hubiera sido de Kim sin
Mahbub Ali, el coronel Creighton, el Lama, Lurgan Sahib y Hurre
Chundeer Mookerjee? El mundo puede haber cambiado desde entonces
hasta nuestros días, pero sigue siendo verdad que no puede
haber una educación genuina sin maestros generosos y dedicados.
El
profesor Holland descuida un aspecto importante de la educación
tanto de Acton como de la de Kim: las conversaciones. El habla es
uno de los aspectos más importantes de la educación.
Afilar nuestra mente con la mente de otro que representa la piedra
de afilar es el camino más seguro hacia la excelencia intelectual.
No tenemos un registro de las conversaciones de Acton, pero podemos
adivinar su calidad a través de sus cartas. Seguramente no
había otras más sociales e intelectuales que las del
joven Johnny Acton, quien conocía a la mitad de la aristocracia
europea y a muchos de los mejores intelectos del siglo diecinueve.
De modo similar, Kim es la más grande novela de diálogos
de la era edwardiana. En la novela de Kipling experimentamos directamente
la importancia de la conversación en el desarrollo de la
vida y los pensamientos, la acción y la experiencia.
La
descripción que hace el profesor Holland, concisa y convincente,
de la educación de Lord Acton es invalorable para nuestra
comprensión de Acton y de su siglo. Tiene, además,
un doble sentido para nosotros porque demuestra tanto la formación
de una mente como los medios efectivos con que fue formada esa mente.
Esos medios siguen siendo la base para una educación moral
para la libertad en nuestro tiempo.
El
Legado de una Educación
James C. Holland
¿Cómo
explicar el continuo interés en Lord Acton? Después
de todo, él estuvo alejado de la cultura popular en su época:
era un aristócrata (el único hijo de la Condesa de
Dalberg), un intelectual, un profesor y un católico cuyos
pensamientos a menudo molestaron a las autoridades de la Iglesia.
Excepto las raras ocasiones de sus coletazos de brillantez en el
medio social, él no era muy prominente en la mente popular.
No, no es debido a su actuación pública que Acton
vive en nuestra memoria, es más bien debido a sus ideas que
su nombre sigue siendo honrado. Cada año, el nombre de Acton
aparece cientos de veces en libros, panfletos, artículos
y en charlas eruditas y no tan eruditas. La verdad es que debemos
mirar a su educación muy excepcional para responder a la
pregunta, porque fue su educación lo que lo dejó con
un notable conjunto de creencias, fascinantes y provocativas para
la posteridad.
Hubo
media docena de influencias claras y formativas en la educación
de Acton: (1) una gran familiaridad con el liderazgo y el funcionamiento
del mundo eclesial; (2) una pasión por la historia, los libros
y los manuscritos; (3) una exposición, detrás de la
escena, a los cambios revolucionarios en las artes de los historiadores
que se estaban produciendo en las universidades alemanas; (4) acceso
personal a una vasta colección de archivos, recientemente
habilitados, en el continente; (5) entrenamiento en una filosofía
de la historia que lo llevó a su preocupación durante
toda su vida por la historia de la libertad; y finalmente (6) la
adopción de una devota fe cristiana no dogmática.
Mi propósito aquí es sostener que estos elementos
en la formación intelectual de Acton modelaron la expansión
de su intelecto que, a cambio, estableció su lugar en la
historia.
El
primer rasgo distintivo en la educación de Acton, algo que
siguió siendo una constante durante sus años de formación,
fue una gran familiaridad con el mundo clerical. Su tío fue
obispo, y después cardenal. En 1842, a la edad de ocho años,
pasó algunos meses como estudiante en Saint Nicholas de Chardonnet,
cerca de París, bajo la dirección de Félix
Dupanloup, más tarde obispo. Los próximos cinco años
(1842-1847) los pasó en el Saint Mary's College, en Oscott,
cerca de Birmingham, bajo la dirección de Nicholas Wiseman,
más tarde obispo y pronto primer Cardenal Arzobispo de Westminster.
Finalmente, después de dos años de estudios en Escocia
(bajo la dirección de otro clérigo), fue a Munich
a la edad de dieciséis años a pasar casi cinco años
de estudios universitarios guiado por el célebre sacerdote
e historiador Ignaz von Dölinger. Acton nunca fue intimidado
o inhibido por las casullas, mitras, sombreros rojos o incluso la
tiara.
Fue
durante su estancia en Oscott que Acton descubrió su pasión
por la historia. Wiseman había convertido el lugar en un
centro de intercambio de información para los católicos
ingleses, especialmente clérigos -en particular los convertidos
del Movimiento Oxford. Años más tarde Acton reflexionaría
sobre Wiseman y la atmósfera del lugar: "Acostumbrábamos
a verlo con Lord Shrewsbury, con O'Connell, con el padre Mathew,
con un Patriarca de la Mesopotamia, con Newman, con Pugin, y sentíamos
que Oscott, después de Pekín, era el centro del mundo."1
Desde
Oscott este niño de ocho años escribió exuberantes
cartas a su madre: "Voy a escribir una especie de compendio
de los hechos más importantes, en la historia, para mi consulta
ocasional." 2 Había firmado una carta anterior "César,
Agamenón, John Dalberg Acton."3 Pronto se quejaba de
que necesita una habitación privada. "Cuando tenga una
habitación estudiaré mucho Historia. Quiero tener
varios libro de Historia." 4 De inmediato comenzó a
escribir sobre una pasión emparentada: "Como pretendo
tener una biblioteca perfecta en mi habitación, te pediré
que me traigas de París algunos libros de literatura francesa.
Me gustaría particularmente una buena edición de las
Histoires des Croisades, y la Historia de Francia. Como me lo has
prometido, ahora me gustaría mucho el Biographical Dictionary
[Diccionario Biográfico]..." 5 Sus cartas se convirtieron
en una verdadera letanía de agradecimientos por los volúmenes
recibidos como regalo, abarcando temas del mundo clásico,
Santo Tomás Moro y la Francia contemporánea. Esta
modesta compilación de libros en Oscott sería el núcleo
de su vasta y magnífica biblioteca personal de setenta mil
volúmenes, que se conserva como una colección especial
en la bilbioteca de la Universidad de Cambridge.
Después
de cinco años de estudios rigurosos de las lenguas clásicas,
literatura, historia y religión, Johnny Acton estaba deseoso
de mudarse de un lugar donde, según él, "se acusa
demasiado a los recuerdos." También, el padrastro de
Acton, Lord Granville, un eminente Whig que se había ganado
el título de lord en 1846, estaba descontento con las limitaciones
de Oscott. 6 Äl creía que el muchacho necesitaba mejorar
en latín, griego, inglés, matemáticas e historia
antes de presentarse en uno de los Colleges de Cambridge, donde
habían estudiado el padre y el tío de Acton. Granville
hizo los arreglos para que estudiara dos años bajo tutela
privada en Edimburgo, en la casa y bajo la dirección del
Dr. Henry John Charles Logan, un clérigo y ex vicepresidente
de Oscott. Johnny Acton llamó a estos años su "exilio
polar" pasados en "un pueblo que estaba construido para
estudiar": el viento frío y los días cortos ofrecían
muy pocas distracciones de las conversaciones, los libros y el lugar
al lado de la chimenea.
Herbert
Butterfield observa que Acton dejó Escocia como "un
corriente escolar Whig...rebosante de petulancia y con una pincelada
de ïMacaulayismo'." 7 De hecho se habían publicado
por entonces dos de los cinco volúmenes de la Historia de
Inglaterra (History of England) de Macaulay çy Acton admitía
haberlos leído cuatro veces! 8 Sin duda este comienzo de
educación política -allí también descubrió
a Burke- complació a su padrastro Whig. Olvídense
por un momento de los defectos en la teoría Whig de la historia;
sólo recuerden la sobredimensionada historia de la libertad
triunfando sobre la tiranía en la Inglaterra del siglo diecisiete,
instituciones aristocráticas representativas frustrando los
mejores esfuerzos de los reyes Estuardo de concentrar el poder.
El simple drama de este cuento exitó la mente precoz de Johnny
Acton, y permaneció con él mucho después de
que hubiera descartado la exageración de los Whig.
En
el mismo momento que Acton se presentó como candidato a tres
"colleges" de Cambridge -otoño de 1850- había
una agitación nacional por la restauración formal
de la jeraquía católica, que había sido suprimida
desde la Reforma. El rechazo por los tres "colleges" no
fue, de hecho, algo personal, sino la consecuencia de un resugimiento
del anticatolicismo cultural. Mirando retrospectivamente, este rechazo
probó ser la mayor bendición de su vida. Forzada a
buscar en otro sitio la educación de su hijo, Lady Granville
se contactó con sus parientes en Munich, el Conde y la Condesa
Arco-Valley, quienes eran amigos cercanos del famoso erudito Ignaz
von Dölinger. De inmediato Dölinger aceptó dirigir
los estudios universitarios de Acton y durante los siguientes cuatro
años el estudiante y el "Profesor", como sería
conocido desde entonces, se hicieron inseparables.
Estos
fueron los años más felices en la vida de Acton, años
de estudio y viajes, cuando cosas apasionantes estaban ocurriendo
en las universidades alemanas, en las bibliotecas y archivos de
Europa continental. A través de la influencia de sus dos
profesores más importantes -Dölinger y Peter Ernst von
Lasaulx- Acton formó el núcleo de su perspectiva intelectual
que guió sus esfuerzos por el resto de su vida.
Fue
en Munich donde encontró la paz emocional, tan desesperadamente
ansiada, en el calor del hogar Arco-Valley, en su residencia de
la ciudad, en su castillo cerca de Ried en la Alta Austria, y en
su casa de campo en Tegernsee, donde el mismo Dölinger era
un huésped frecuente. Acton desarrolló una relación
inmediata, intensa y cariñosa con la condesa, a quien visitaba
a menudo y con quien hacían largos paseos en carruaje por
el campo. Ella se convirtió en su segunda madre, y escuchaba
todas sus preocupaciones, llenando el vacío ocasionado por
el casamiento de su madre natural con Lod Granville. Las grandes
obligaciones de Lady Granville como una de las principales anfitrionas
durante las temporadas inglesas sociales y políticas, le
dejaba un tiempo muy inapropiado para ocuparse de su hijo. Quince
años después, Johnny Acton se casó con su prima
Marie, la hija de la condesa.
El
mismo Dölinger era el heredero intelectual de una creciente
instrucción católica en estudios históricos
que comenzó con las reformas revolucionarias que Bonaparte
impuso en las Alemanias. Después del Acta de Secularización
de 1803, no hubo estados exclusivamente protestantes o católicos
en el Sacro Imperio Romano. Como resultado, los estudiosos católicos
y protestantes fueron forzados a desenvolverse por primera vez en
ambas sociedades indistintamente, trabajando codo a codo en universidades,
bibliotecas y archivos. La facultad de teología católica
llegó a la universidad protestante de Tùbingen en
1817 procedente de Ellwagen. Äste fue un desarrollo de trascendental
importancia para la vida intelectual en las Alemanias.
El
terreno comenzó a cambiar en los círculos teológicos
católicos. A través del trabajo de unos pocos teólogos
eminentes, incluyendo a Johann Sebastian von Drey (1777-1853) y
Johann Adam Möhler (1796-1838), el pensamiento católico
alemán abrazó el concepto del desarrollo doctrinal
sensible a la historia. La piedra de toque de la petición
de Drey era la continuidad de la creencia dentro de un marco de
definiciones teológicas perfeccionadas, mientras que Möhler
alimentaba la idea de la Iglesia como Cristo viviendo en la historia.
Ese concepto fue el logro principal de la escuela de TÙbingen.
Möhler se mudó a la facultad de Munich en 1835 a través
de los esfuerzos de Dölinger, y jugó un papel decisivo
en que Dölinger se dedicara a los estudios históricos
mientras se dedicaban a la teología. Esto fue fatal, como
ha escrito Stephen Tonsor: "Fue la historia la que lo llevó
a la idea del desarrollo de la doctrina cristiana y finalmente a
una postura tildada de herética por sus oponentes."
9
Dölinger
pronto se convirtió en el principal defensor de la nueva
escuela de teología histórica, sosteniendo que los
documentos históricos, objetivamente examinados y comprendidos,
revelarían los engaños y las falsas ideas de muchos
años y también explicaría el "desarrollo"
de las doctrinas de la fe cristinas de los primeros tiempos. Él
creía que un conocimiento de la interacción de la
historia y la teología ofrecía el medio más
seguro para sacar aquellos errores de larga tradición y para
revindicar los reclamos esenciales del catolicismo histórico.
Dölinger nunca dudó de la naturaleza providencial de
la historia. Incluso, según él, la aparición
del error en la historia, e incluso la aparición del mal,
sólo servía para estimular un posterior "desarrollo"
de la verdad doctrinal como corrección. Acton recordaba la
atmósfera intelectual:
Como
historiador, Dölinger consideraba a la cristiandad una fuerza
más que una doctrina, y la exponía mientras se expandía
y se convertía en el alma de la historia posterior. Fue
la misión y ocupación de su vida descubrir y revelar
cómo se cumplía esto, y comprender la historia de
la Europa civilizada, religiosa y profana, mental y política,
por medio de la ayuda de fuentes que, siendo originales y auténticas,
daban paso a la certeza. 10
Acton
asistió a las conferencias de Dölinger sobre la historia
temprana de la Iglesia, la Edad Media, la Iglesia desde la Revolución
Francesa y la filosofía de la religión. Significativamente,
el Profesor también insistió en que Acton estudiara
teología durante tres años completos.
Cuando
Acton llegó a Munich, el Profesor estaba escribiendo su historia
de la Iglesia, pero sus tres libros anteriores sobre la Reforma
(1846-1848) y su biografía de Lutero (1850) ya reflejaban
el nuevo espíritu. A pesar de que lamentaba la ruptura protestante
con la continuidad y el desarrollo, Dölinger retrató
a Lutero en términos heroicos, como una figura nacional alemana,
algo nunca oído antes entre los estudiosos católicos.
Debe
recordarse que tanto Dölinger como Acton estaban convencidos
de que los nuevos métodos de estudio sustentarían
al final las afirmaciones del catolicismo. Pero también creían
que primero debía admitirse dolorosamente que las autoridades
de la Iglesia, en el más alto nivel, habían obrado
mal. A pesar de que las promesas del nuevo conocimiento eran excitantes
y que los hombres que proponían este nuevo conocimiento eran
muy estimados, la preocupación creció en sectores
poderosos. Los líderes de la Iglesia temían que la
revelación de algunos errores específicos engendrarían
un amplio escándalo y mucha confusión entre las masas
de fieles. Y el nuevo conocimiento, con sus demandas de un libre
cuestionamiento intelectual, era percibido como una amenaza a los
fundamentos mismos de la autoridad episcopal. Incluso más,
el ambiente se exacerbó por el surgimiento de un nacionalismo
italiano estridente e intensamente anticlerical que amenazó
la existencia continua de los Estados Pontificios de once siglos
de antigÙedad. Comprensiblemente, muchos líderes eclesiásticos
no veían en los nuevos conocimientos más que otra
amenaza en un mundo rápidamente secularizado.
Entre
los que más influyeron en Acton en Munich, después
de Dölinger estaba el profesor Peter Ernst Lasaulx, con quien
estudió historia y literatura griega, estética, historia
del arte y filosofía de la historia. Ya que fue Lasaulx quien
introdujo a Acton en la historia de las ideas. Lasaulx veía
a la historia como un relato continuo, un fluir continuo, y creía
que la religión impulsó el núcleo del avance
humano a través del surgimiento y la caída de las
civilizaciones. Lo expresaba así:
Toda
historia en su análisis final es la historia de la religión;
así la cristiandad como religión universal del mundo
ha absorbido todas las religiones nacionales anteriores, en tanto
que contenían la verdad. Hay escasamente una verdad expresada
en la cristiandad, que de acuerdo a su sustancia, no pudo ser
encontrada en la era pre cristiana. 11
De
nuevo vemos la focalización en la historia y el proceso histórico
como la clave para comprender tanto el desarrollo histórico
como las afirmaciones de la autoridad en la religión. Temerosa
de las implicaciones de su trabajo, Roma colocó casi todos
los escritos filosóficos de Lasaulx en el Index de Libros
Prohibidos, incluso su Philosophie der Geschichte de 1856, de la
que Acton escribió más tarde, "desde Schlegel,
no ha aparecido un trabajo más brillante en el mismo campo."
12 Cuando Lasaulx murió en 1861 Acton compró casi
la totalidad de su extensa biblioteca, valorando especialmente aquellos
libro con anotaciones de su antiguo profesor.
Un
tercer historiador que influyó significativamnete en el entrenamiento
de Acton en Historia fue Leopold Ranke, quien estaba a la vanguardia
de aquellos estudiosos que se habían beneficiado con la apertura
de las colecciones de archivos. Äl creía que el acceso
a los archivos y una severa metodología científica
hizo posible evocar el pasado con precisión y certeza. A
pesar de que Dölinger había realizado esfuerzos infructuosos
por llevar a Ranke a Munich desde la Universidad de Berlín,
fue él quien tenía pensamientos ambivalentes con respecto
a la "escuela científica," porque veía en
la secularización el peligro de un caballo de Troya. Acton,
por otra parte, que cayó bajo la influencia de Ranke al final
de su educación en Munich, abrazó el régimen
"científico" con el fervor de un converso. 13
Éste
fue el zeitgeist distintivo de la educación de Acton, y se
sumergió completamente en ese mundo y con unas energías
estupendas. Äl apreciaba que no hubiera nada comparable fuera
del mundo de habla alemana. Más aún, a pesar de que
no estaba bajo una educación formal, durante tres años
después de 1854, Acton pasó largas temporadas con
el Profesor, tanto en Munich como viajando y visitando archivos
y estudiosos de renombre, profundizando su conocimiento y expandiendo
su entusiasmo por el nuevo conocimiento.
Vayamos
ahora a la pregunta: ¿Cómo dio forma la educación
de Acton a sus pensamientos maduros? ¿Qué impronta
dejó en los trabajos de su vida? Para este propósito,
consideraremos cuatro ejemplos: (1) sus logros en periodismo, (2)
su relación con las autoridades de la Iglesia, (3) su amistad
con William Ewart Gladstone y (4) sus conclusiones de que los historiadores,
al escribir la historia, deben ejercitar el juicio moral al corregir
los crímenes de la historia.
Acton
comenzó su carrera periodística tan pronto como regresó
a Inglaterra a principios de 1858. Lleno del tesoro de los nuevos
conocimientos, estaba ansioso por regresar a su país para
elevar el nivel intelectual de sus co-religionarios. Para este fin
adquirió el control de un modesto periódico católico,
el Rambler, explicándole al profesor:
Me
dará una posición y una influencia entre los católicos
que espero utilizar bien ... También pensé que era
una oportunidad de hacer un gran bien con los conocimientos personales
que tuve la suerte de adquirir en el extranjero ... que sería
un medio primordial para hacer valer mis estudios alemanes. 14
Desde
febrero de 1858 hasta abril de 1864 Acton se convirtió en
el propietario, administrador y escritor de dos periódicos
sucesivos, el Rambler hasta mayo de 1862, y después el Home
and Foreign Review hasta abril de 1864. Acompañados por otros,
incluso John Henry Newman, Acton y su compañero literario,
Richard Simpson, un converso de sacerdocio anglicano que, al contrario
de Acton, tenía un maravilloso sentido del humor, se lanzaron
a investigar y a estimular una gran cantidad de temas, que iban
desde la educación y la literatura hasta la historia y la
teología. Al mismo tiempo insistían en el libre cuestionamiento
intelectual como el camino más seguro para llegar a la verdad,
sin importar el tema.
Pronto
surgieron los problemas desde dos sectores. En una época
de una animosidad sectorial muy estrecha, las autoridades eclesiásticas
no tomaron a bien las posiciones abiertas a las que recientemente
habían llegado los laicos; el grupo del Rambler pronto se
convirtió en persona non grata en los centros católicos
de poder entre Londres y Roma. Más descorazonante fue la
respuesta de la gran masa del laicado, que no parecía comprender
el mensaje, y en la hora oscura de una controversia particular Acton
le aconsejó a Simpson:
Me
parece absurdo tomar la línea prudente, teniendo en cuanta
mi mal disimulado enojo con cada método no científico
en el tratamiento de temas literarios, políticos y eclesiales,
pero he aprendido por experiencia la inutilidad de hablar a la
gente en un tono que no comprenden, y de suponer un conocimiento
que no existe. 15
Después
de seis años llenos de conflictos, de malos entendidos, de
una creciente tensión entre los periódicos y las autoridades
de la iglesia, y enfrentando una inminente censura por parte de
esas autoridades, Acton decidió abandonar el esfuerzo. Tanto
su corazón como su mente se pusieron al descubierto al despedirse
de sus lectores:
No
fue sino la encarnación parcial y temporaria de una idea
imperecedera -el tenue reflejo de una luz que sigue viviendo y
ardiendo en los corazones de los silenciosos pensadores de la
Iglesia. 16
Le
quedó al astuto ecéptico protestante, Matthew Arnold,
reconocer el logro profundo del círculo de Acton cuando escribió
acerca del Home and Foreign "quizás en ningún
otro órgano de crítica en este país hubo tanto
conocimiento, tanto juego mental." 17 La génesis de
ese conocimiento y de ese "juego mental," su tono preciso
y su sustancia, se pueden rastrear hasta Munich.
Tanto
el Rambler como el Home and Foreign Review a menudo estaban en oposición
con las autoridades eclesiásticas en temas relativos a educación,
historia, teología y el principio del libre cuestionamiento
intelectual. Pero por lejos, lo que mejor ilustra las relaciones
de Acton con la autoridad eclesial es su papel prominente en el
Concilio Vaticano de 1869-1870, mejor recordado por su definición
de la doctrina de la infalibilidad papal. Acton -y Dölinger
con él- se oponían mucho a esa doctrina sobre bases
históricas que aún deben ser refutadas. A través
de sus estudios y de la influencia personal ellos trabajaron arduamente
para prevenir que los obispos aprobaran el dogma. Armados con sus
vastos conocimientos y su acceso a aquellos en posiciones importantes,
tanto académicas como políticas, los dos hombres apoyaron
con todo el peso de sus influencias a los obispos que se oponían
a la doctrina.
Acton,
recién elevado a la categoría de Lord por los esfuerzos
de su amigo Gladstone, fue a Roma para ayudar los esfuerzos de los
140 prelados de la minoría, como se los llamaba. Ästa
es una historia extraordinaria de la que poco se conoce hoy. Un
joven laico de treinta y cinco años organizó a los
obispos, los proveyó de argumentos históricos contra
la definición, les levantó la moral y los alentó
una y otra vez, e incluso en ocasiones los reprendió por
haber cedido en sus convicciones. Mientras tanto desarrolló
una correspondencia epistolar agresiva con altas autoridades políticas
en Austria, Francia, Italia, Prusia y, por sobre todo, Inglaterra,
en un esfuerzo por provocar la intervención de los gobiernos
para evitar la promulgación del dogma. Pero todo terminó
en nada cuando casi la totalidad de la oposición se derrumbó
hacia el final del Concilio, y los gobiernos no intervinieron. A
pesar de que fue más afortunado que el Profesor, que fue
finalmente excomulgado, fue un golpe muy duro para Acton, revelándole
la inutilidad de sus esperanzas de llevar la reforma intelectual
a la Iglesia. Pero ésa es otra historia que está más
allá de nuestro propósito aquí. Odo Russell,
el observador británico en Roma, en su carta a Lord Clarendon,
el Ministro de Exterior británico (Foreign Secretary), escribió
lo siguiente sobre el papel de Acton en el Vaticano I:
Los
fuertes lazos que ahora unen a los más importantes pensadores
teológicos de Inglaterra, Francia, Alemania, Hungría
y Austria se deben a las influencias personales, al profundo conocimiento,
al gran talento y a las elevadas virtudes de Lord Acton. Sin su
intervención personal, los obispos de la oposición
apenas si se hubieran conocido entre ellos. Sin sus conocimientos
sobre idiomas y teología, los teólogos de las diversas
naciones representadas en el Concilio no se hubieran entendido;
sin sus talentos como líder no podrían haber permanecido
unidos entre ellos, y sin sus altas virtudes no podrían
haber aceptado y seguido la guía de un laico mucho más
joven que cualquiera de los Padres del Concilio. 18
Si
Russell hubiera conocido mejor a Acton, podría haber agregado
que fueron las enseñanzas alemanas las que permitieron que
Acton tuviera ese desempeño en el Concilio.
La
relación Acton-Gladston comenzó en 1861 cuando Gladstone
leyó el artículo de Acton sobre las causas de la Gran
Guerra Civil norteamericana. Gladstone se conmovió con lo
que leyó, expresando su aprecio a Acton en una carta, quien
era veinticinco años menor que él. Lo que siguió,
durante treinta y siete años, fue uno de los más grandes
compañerismos intelectuales de la era victoriana. Gladstone,
el más reflexivo y duradero de los políticos, y Acton,
el principal estudioso de la historia de las ideas, se encontraron
en el terreno común de la curiosidad insaciable.
Acton
era ahora el mentor, recibiendo inteminables preguntas del hombre
más poderoso de la vida pública británica.
Su diálogo viajó por el universo de la antigüedad,
la literatura, la historia, la filosofía, la política,
la teología y mucho más. De tiempo en tiempo Acton
le enviaría cajas con libros de su enorme biblioteca o lo
proveería de listas exhaustivas de autoridades a quien consultar.
En ocasiones Gladstone tenía que excusarse de realizar sus
tareas para poder dedicarse a conducir los asuntos de gobierno de
Su Majestad. Pero nunca se cansó de expresar su gran gratitud
por recibir los beneficios de los conocimientos asombrosos y aparentemente
inextinguibles de Acton. Owen Chadwick resume la relación
entre ellos de esta manera: "Ellos discutían todo. Para
Gladstone, Acton era un sabio con los más altos ideales éticos
en religión, en política o en la vida privada ..."
Después, citando al niño preferido de Acton, Mamy,
Chadwick sigue diciendo: "Gladstone le dijo una vez en la cara
a Acton que confiaba en él ïmás completamente
que en cualquier otro hombre'." 19. De todos los intereses
que compartían y discutían, ninguno se parecía
en magnitud al intercambio entre religión y política,
que es precisamente donde Acton concentraría sus poderes.
La
evaluación del compromiso de Acton hacia el juicio moral
en la historia es más compleja. Desde sus días de
estudiante en Oscott, nada lo atrajo tanto como el estudio de la
historia. Se convirtió para él en el sendero esencial
para la comprensión de la humanidad en todo su triunfo y
tragedia. En Munich descubrió que la historia era una ciencia
en la metodología, que si se la seguía adecuadamente
podía revelar las verdades ocultas, seculares y divinas,
de las eras. De a poco comenzó a apreciar que la amenaza
universal al desarrollo de la verdad en la historia era la propensión
corruptora del poder, de cualquier poder, de presentar de manera
sesgada sus errores y de ocultar sus crímenes. En 1881 escribió
a Mary, la hija de Gladstone:
Al
ser rechazado de Cambridge, y ser forzado a universidades extranjeras,
nunca tuve a nadie de mi edad, sino que pasé años
buscando hombres lo suficientemente sabios como para resolver
el problema que me acosaba, no tanto en política y religión,
como a lo largo de la línea ondulante entre las dos. 20
Fue
a lo largo de esa "línea ondulante" entre la religión
y la política que Acton distinguió la historia de
la libertad desarrollándose a lo largo del tiempo. Comprendió
con una claridad absoluta que la libertad -ese "fruto delicado
de una civilización madura"- no puede existir sin la
restricción del poder, tanto en la iglesia como en el estado.
Para él, el requisito supremo para la existencia de la libertad
era la santidad de la conciencia individual.
El
concepto de un "reino de la conciencia" emergente se convirtió
en la pieza central del compromiso de Acton hacia el juicio moral
en la historia. Aprendió de sus profesores de Munich y de
otras personas que en la historia hay sentido y certeza. Su propia
fe cristiana, poderosamene formada por sus años en Munich,
era profunda, devota, e informada por la historia; lo sostuvo durante
muchas crisis públicas y privadas de su vida. Dölinger
había mostrado que la cristiandad es un cuerpo de pensamiento
en el tiempo y el espacio, encarnado en una iglesia institucional
cuyas enseñanzas y autoridad habían sido formadas
por fuerzas históricas. Así la progresión del
pensamiento de Acton era tan inevitable como incesante. La Revelación
había sacado a la ambigüedad del campo moral; el crimen
ya no podía refugiarse en la ignorancia; se sigue, por lo
tanto, que todo comportamiento criminal debe ser llevado ante el
juez que es la historia imparcial. Sólo así la tendencia
incansable y corruptora del poder puede ser contenida y el reino
de conciencia puede ser asegurado.
Acton
llegó a la conclusión de que ningún individuo
o institución puede ser eximido del escrutinio desapasionado
del historiador, que nadie que ostente algún puesto puede
ser santificado por el puesto que ostenta, y que a ningún
ocultamiento o delito, sin importar lo sagrado de la causa a la
que sirve, se le debe evitar la exposición y la censura.
A pesar de haber reconocido que estaba aislado en su posición
esencial, Acton nunca comprometió este mensaje. Lo forzó
en su Conferencia Inaugural como Profesor Regio de Historia Moderna
en Cambridge en junio de 1895:
Los
historiadores de épocas pasadas, inasequibles para nosotros
en su conocimiento y su talento, no pueden ser nuestro límite.
Tenemos el poder para ser más rígidamente impersonales,
desinteresados y justos que ellos; y para aprender de documentos
genuinos no disfrazados y para mirar con remordimiento al pasado,
y al futuro con una esperanza segura de cosas mejores; teniendo
ésto en mente, es que si bajamos nuestros estándares
en historia, no los podremos sostener en la Iglesia o el Estado.
21
Pero
su posición fue expresada más elocuentemente en noviembre
de ese año cuando dió una conferencia, en la privacidad
de sus habitaciones en la Nevile's Court en Trinity, al Cambridge
Eranus, una sociedad selecta de no más de doce personas.
El profesor Lord Acton recordó su pródiga labor de
años anteriores en bibliotecas y archivos, y habló
de justicia y esperanza, y de los escritos de la historia:
No
hay otro modo de forzar la aprobación o de aplastar el
interés y el prejuicio.
Renunciar
a los dolores y las penalidades de la investigación exhaustiva
es permanecer víctima de escritores mal informados y maquinadores,
de las autoridades que han trabajado por muchos años en
construir la vasta tradición de la falsedad convencional.
Al
ir del libro al manuscrito y de la biblioteca al archivo, cambiamos
la duda por certeza, y nos convertimos en nuestros propios amos.
Exploramos un nuevo cielo y una nueva tierra, y a cada paso que
avanzamos, el mundo se mueve con nosotros. 22
Al
final fue su visión esperanzada en la ascendencia de la verdad
en la historia -una visión enraizada en su refinada educación-
lo que aseguró el lugar de Acton en el panteón de
los grandes intelectos.
Notas:
1.
Acton, citado en The Life and Times of Cardinal Wiseman, por Wilfrid
Ward, 2 tomos. (Londres, 1897) 1:348-349.
2.
Acton a Lady Leveson, viernes sin fecha, citado en Selections from
tne Correspondence of the First Lord Acton, editado por John Neville
Figgis y Reginald Vere Laurence (Londres, 1917), 2.
3.
Acton a Lady Leveson, 15 de febrero de 1844, ibid.
4.
Acton a Lady Leveson, sin fecha, citado en "The Education of
Lord Acton" por James C. Holland, disertación doctoral
sin publicar (Catholic University of America, 1968), 26.
5.
Acton a Lady Leveson, sin fecha, ibid., 26.
6.
Granville pensó que estaba educando a un futuro líder
político de la clase dirigente Whig, y estaba preocupado
por que la educación de Acton lo preparara correctamente
para esa finalidad. Él forzó la ida a Edimburgo, lo
que se convirtió en una nueva complicación en su ya
tirante relación. En su próxima biografía de
Acton, Roland Hill sostiene persuasivamente que sus recurrentes
combates contra la soledad provienen del segundo matrimonio de su
madre, una unión que Hill cree despojó a Acton de
la contención emocional que tanto ansió y raras veces
recibió.
7.
Herbert Buttefield, "Acton: His Training, Methods and Intellectual
System," en A. O. Sarkissian (editor), Studies in Diplomatic
History and Historiography (Londres, 1961), 170.
8.
Acton a Lady Granville, 21 de mayo [1848], CUL add. 8121 (7)/494.
9.
Stephen J. Tonsor, "Lord Acton on dölinger's Historical
Theology," Journal of the History of Ideas, XX, No. 3 (junio-septiembre
1959), 331.
10.
Acton, "Dölinger's Historical Work," English Historical
Review, 5 (1890), reimpreso en Selected Writings of Lord Acton,
3 tomos, editado por J. Rufus Fears (Indianapolis, 1985-1988), II,
419.
11.
Citado en Friedrich Engel-Janosi, "The Historical Thought of
Ernst von Lasaulx," Theological Studies, XIV, No. 3 (septiembre
1953), 385.
12.
Lord Acton, "Mr. Buckle's Philosophy of History," The
Rambler (agosto 1858), reimpreso en Fears, op. cit., III, 449.
13.
Butterfield, op. cit., 188.
14.
Acton a Dölinger, 17 de febrero de 1858, en Ignaz von Dölinger,
Briefwechsel mit Lord Acton 1850-1890, 3 tomos. Editado por Victor
Conzemius (Munich, 1963-1971), I, 128.
15.
Acton a Simpson, 5 de febrero de 1859, The Correspondence of Lord
Acton and Richard Simpson, editado por Josef L. Altholz, Damian
McElrath y James C. Holland. 3 tomos (Cambridge, 1971-1975), II,
42.
16.
Acton, "Conflicts with Rome," The Home and Foreign Review
(abril 1864), reimpreso en Fears, op. cit., III, 259.
17.
Matthew Arnold, "The Function of Criticism at the Present Time,"
Essay in Criticism (Londres, 1928), 20, citado en Josef Altholz,
The Liberal Catholic Movement in England (Londres, 1962). 206.
18.
Russel al Conde de Clarendon, 18 de junio de 1870, Noel Blakiston
(editor), The Roman Question. Extracts from the Despatche of Odo
Russell from Rome 1858-1870 (Londres, 1962), 446.
19.
Owen Chadwick, Acton and Gladstone. The Creighton Lecture in History
1975 (Londres, 1976), 29; Acton a Mamy, 23 de mayo de 1898, CUL
Add MS, Acton, Box 22.
20.
Acton a Mary Gladstone, 3 de junio de 1881, en Herbert Paul (editor),
Letters of Lord Acton to Mary, Daughter of the Right Hon. W. E.
Gladstone (Londres, 1904), 104.
21.
"The Study of History," reimpreso en Fears, op. cit.,
II, 552.
22.
"Notes on Archival Researches 1864-1868," editado por
James C. Holland, en Damian McElrath, James C. Holland, W. Ward
White y Sue Katzman, Lord Acton. The Decisive Decade: 1864-1974
(Louvain, 1970), 139-140.
La
Historia de la Libertad
- Introducción
- La
Historia de la Libertad en la Antigüedad
- La
Historia de la Libertad en la Cristiandad
Lord
Acton sobre los Historiadores
Introducción
Gregory M.A. Gronbacher
Mientras
nos acercamos al centenario de la muerte de Lord Acton, está
claro que continúa atrayendo a lectores ansiosos de obtener
la sabiduría que se piensa que imparte el conocimiento histórico.
En ésto Acton nos recuerda a Tocqueville y a Burckhard entre
los grandes historiadores del siglo pasado, más que a Macaulay
y a Nichelet. Su máxima "el poder tiende a corromper
y el poder absoluto corrompe absolutamente" -muy posiblemente
la más famosa frase escrita por un historiador- es un símbolo
de lo que muchos buscan encontrar en el trabajo de Acton.
Pero
hay otra fuente de la fascinación perdurable de Acton que
le es más peculiar. En el ensayo que sigue, el distinguido
historiador de Acton, Josef L. Altholz, de la Universidad de Minnesota,
lo identifica cuando caracteriza a Acton como un "historiador
y moralista," y como un moralista de características
austeras y exigentes. Lo que seguramente ha ayudado a crear la figura
de Acton como un héroe cultural es el hecho de que su fervor
moral a menudo se volvió contra la Iglesia Católica,
la que nunca abandonó a pesar de todas las dificultades en
su relación con ella. Con una conciencia remarcable, el Dr.
Altholz cuenta la historia del desarrollo de Acton como el tipo
de historiador en que se convirtió en última instancia.
Él narra cómo, primero bajo la guía de su mentor
Ignaz von Dölinger en Munich, Acton aplicó los nuevos
métodos principalmente de los historiógrafos alemanes
para descubrir y exponer los delitos de su propia Iglesia. Hay que
hacer notar que la erudición del Dr. Altholz sobre Lord Acton
abarca treinta y cinco años y comienza con su insuperable
estudio sobre la carrera de Acton en el periodismo católico
inglés.
El
Dr. Altholz hace hincapié en la consternación y el
horror crecientes que sintió Acton mientras investigaba la
participación de la Iglesia a lo largo de los siglos en crímenes
atroces, incluyendo el asesinato de herejes, y aún peor,
según Acton, en la elaboración de una teoría
que justificara ese tipo de asesinatos. Evidentemente aquí
estaba "el demonio tratando de pasar desapercibido detrás
del Crucifijo." La aversión de Acton siguió profundizándose
debido a su continuo amor y dedicación a la Iglesia Católica.
No fue sólo que creyera que la Iglesia era la poseedora del
magisterio y la guardiana de los sacramentos. Äl sostenía
que históricamente había jugado un papel clave en
la lucha épica a través de la cual la libertad había
llegado al mundo moderno.
En
sus importantes ensayos, "La historia de la libertad en la
Antigüedad" y "La historia de la libertad en la cristiandad",
Acton rastrea los orígenes de la libertad moderna hasta la
advertencia de Jesús "Dad al César los que es
del César y a Dios lo que es de Dios." Acton agregó
"nuestro Señor no sólo dió el precepto
sino que creó la fuerza para ejecutarlo"-la Iglesia
Católica Romana, "la institución más enérgica
y la asociación más universal del mundo." La
Iglesia emergió como una fuerza compensatoria muy efectiva
contra la expansión del poder del estado, comenzando más
claramente y significativamente con la controversia de la investidura:
"A ese conflicto de 400 años [entre la Iglesia y el
gobierno temporal] le debemos el surgimiento de la libertad civil...
Los pueblos de Italia y Alemania ganaron su franquicia, Francia
obtuvo sus estados generales e Inglaterra su parlamento, de las
fases cambiantes de la lucha; y mientras duró evitó
el surgimiento del Derecho Divino."
En
el análisis de Acton, la función de confrontación
de una Iglesia Católica poderosa e internacional en la Edad
Media fue crucial para prevenir el surgimiento de un Imperio pan-europeo;
así la Iglesia ayudó muchísimo en producir
una Europa radicalmente descentralizada dentro de la cual instituciones
libres, ideas y valores pudieron desarrollarse. Esta es una interpretación
que ha recibido un fuerte apoyo por parte del trabajo de estudiosos
recientes, entre ellos Harold J. Berman y Brian Tierney. Para Acton
el enredo de la Iglesia en la práctica y la teoría
del asesinato fue una traición y no sólo a su origen
divino y a su misión espiritual, sino también a su
papel histórico-político.
El
Dr. Altholz rastrea con gran cuidado los puntos de vista famosos
-o notorios- de Acton sobre el deber del historiador de juzgar los
crímenes de los grandes hombres de la historia. Äl asegura
que "ésta fue la misión más noble que
se haya asignado al historiador," agregando que "puede
haber sido la más imposible." Ciertamente no es obvio
que los estudiosos crecientemente profesionalizados que se han dedicado
a la historia en las generaciones que siguieron hayan tenido una
particular vocación para tratar con temas morales a cada
paso. De todos modos puede haber un lugar para el moralismo actoniano,
aunque no en los mismos términos en que fue originalmente
presentado.
El
Dr. Altholz hace notar que Acton era plenamente conciente que el
Estado "se ha involucrado en persecuciones y asesinatos políticos
con no menos vigor" que la Iglesia. En nuestro propio siglo,
por supuesto, asesinatos en masa cometidos por estados poderosos
han cubierto de sombra todo lo que haya hecho la Iglesia Católica
o cualquier otra iglesia. En algunos casos los historiadores han
estado admirablemente ansiosos por explorar y poner al descubierto
estos crímenes. Pero en otros casos, el mismo poder que corrompe
a su poseedor parece haber tenido una tendencia a seducir a los
estudiosos que han escrito sobre ellos. Así, una conceptualización
alternativa de la misión moral de los historiadores aparece
como una posibilidad: evitar la tentación de disculpar a
los grandes estadistas por esos crímenes y atenuar su culpabilidad,
y en cambio descubrir activamente y exhibir esos actos criminales.
Esa
tarea neo-actoniana ha sido recogida, por ejemplo, por Robert Conquest,
en "The Great Terror" y otros de sus trabajos sobre el
comunismo soviético. Se puede sugerir que la identificación
del profesor Conquest como un historiador actoniano no depende de
los juicios morales implícitos y explícitos que emite
sobre los criminales soviéticos, que son el objeto de sus
excelentes libros. Es, más bien, el mismo compromiso de examinar,
con una erudición meticulosa durante años de esfuerzo
dedicado, los crímenes de Lenin, Trotsky, Stalin y los otros
-la firme resolución de que no se salgan con la suya- lo
que señala al profesor Conquest como un investigador con
el espíritu de Acton. Los historiadores cumplirán,
tanto como les sea posible, con una vocación actoniana, en
la medida en que se resistan a la tentación maquiavélica
de justificar con la "razón de Estado" la esclavitud
de los hombres, e intrépidamente persigan los delitos de
los hombres de estado a través del laberinto de la evidencia
histórica.
Lord
Acton sobre los Historiadores
Russell Kirk
Lord
Acton es justamente recordado como el historiador de la libertad
en el contexto de la religión y la conciencia, principalmente
aplicado a la política y el pensamiento político.
La visión política de Acton estuvo formada por su
trabajo y experiencia como historiador, su descubrimiento de la
necesidad de libertad intelectual en el historiador, lo que llevó
a su gran preocupación por la libertad en todos los campos
en los que se involucre la conciencia. Acton pensó mucho
y escribió bastante sobre los derechos y las obligaciones
de los historiadores. Esta monografía tratará sobre
sus pensamientos sobre los historiadores. Digo "sobre los historiadores"
y no "sobre la historia" deliberadamente: sostendré
que Acton fue un moralista, y pensaba sobre su materia en términos
de los deberes morales de aquellos que la estudiaban. Sus pensamientos
sobre su profesión son importantes en el estudio de la religión
y la libertad porque, para Acton, la libertad del pensamiento y
los escritos históricos estaban fundados en principios religiosos,
la obligación moral de la sinceridad, y de la santidad de
la verdad.
En
el Dictionary of National Biography (Diccionario Nacional de Biografía)
donde cada ítem tiene un término que describe la ocupación
o el área de ocupación del sujeto, Acton es definido
como "historiador y moralista." Äste es el único
lugar donde se conjugan esos términos. Y es exactamente cierto:
incluso los aforismos que dan a Acton su significado actual en el
pensamiento político son esencialmente moralistas en el contexto
de la historia. Al redefinir esta entrada para el New Dictionary
of National Biography (Nuevo Diccionario Nacional de Biografía),
nuevamente describí a Acton como "historiador y moralista."
Esta conjunción especial no puede ser más evidente
que en su pensamiento sobre los historiadores.
Acton
era típicamente victoriano en su devoción al ideal
de la Verdad (que a menudo escribía con V mayúscula).
Le enseñaría a sus hijos que la virtud más
importante era decir la verdad. Acton también era típicamente
victoriano en su falla al reconocer las dos cosas distintas que
se funden en la palabra Verdad. Está la verdad objetiva,
lo que es en verdad, y está la sinceridad, la condición
moral, o el estado mental, que busca describir los hechos honestamente.
Acton, el moralista, estaba principalemente preocupado con la calidad
moral de la sinceridad. Äl suponía, quizás inocentemente,
que si esto estaba ligado a los métodos de investigación
apropiados llevaría a la verdad histórica. Äste
era para él el atractivo de la disciplina Historia, que,
cuando la descubrió a mediados del siglo diecinueve, había
aprendido a descartar sus prejuicios y a trabajar objetivamente
sobre fuentes válidas y originales de documentación
histórica, por lo tanto convirtiéndose en una verdadera
Wissenschaft, una palabra incorrectamente traducida por "ciencia."
Así, resistirse a las conclusiones de la ciencia histórica
era un pecado contra la verdad. Se requería que se permitiera
a los historiadores buscar la verdad en beneficio de ella, operar
libremente de acuerdo a sus propios métodos, independientes
de autoridades externas y sin preocuparse por el efecto que pudieran
causar sus trabajos. La verdadera búsqueda de la verdad requería
una completa libertad de investigación. De modo que la moralidad
guió hacia la libertad, primero en la historia.
El
pensamiento de Acton sobre estos temas se formó a principios
de la década de 1850 por su aprendizaje, en Munich, con Ignaz
von Dölinger, el principal historiador católico en Alemania.
Era una época emocionante para los estudiantes de la historia
científica, una disciplina desarrollada en las universidades
alemanas. Se había descubierto a la objetividad como una
virtud tan necesaria como útil, liberando al historiador
de las cadenas del partidismo y para mostrar, en frase de Ranke,
el principal historiador, "lo que realmente pasó"
(wie es eigentlich gewesen). El método crítico de
examinar las fuentes produjo nuevas y sólidas interpretaciones
de las autoridades históricas, y Ranke fue pionero en el
estudio de fuentes básicas originales justo en el momento
en que muchos de los archivos de Europa se abrían a los estudiosos.
Acton se encontró siendo el compañero de estudios
de Dölinger en esta nueva historia de archivos. Dölinger,
educado en la más antigua escuela crítica participó
en la libre competencia de estudiosos católicos y protestantes,
tenía un motivo apologético detrás de su objetividad,
buscando probar que los católicos podían ser tan sólidos
y objetivos como los protestantes y así desmentir rumores
contra su Iglesia. Pero la historia científica le ganó
al historiador, y el historiador triunfó sobre el sacerdote:
Dölinger, seguido por Acton, descubrió y expuso las
fallas de su Iglesia. Hacia fines de la década de 1850 y
a principios de la de 1860 Acton, como periodista católico
en Inglaterra, y Dölinger, como historiador católico
en Alemania, fueron criticados por una libertad y objetividad excesivas
en sus críticas a la Iglesia. Así, el tema de la libertad
intelectual se convirtió en personal para los dos hombres,
en la forma de libertad de erudición histórica contra
las autoridades de la Iglesia. Fue un ataque papal a la libertad
de erudición reafirmado por Dölinger en 1863 lo que
llevó a Acton a finalizar su carrera periodística
en 1864. Así, su primera lucha por la libertad fue en el
terreno religioso, una lucha por la libertad, dentro de la religión,
de la conciencia docta contra la autoridad eclesial.
La
primera libertad por la que Acton luchó fue por la libertad
intelectual. Puede parecer raro que el historiador de la libertad
política haya tenido que enfrentar a la Iglesia más
que al Estado, pero al final del siglo diecinueve Acton no tuvo
que defender la libertad intelectual contra el Estado. La Alemania
de Wilhelm puede haber sido autoritaria, pero respetaba escrupulosamente
la libertad académica; el pesado conservatismo de Austria
escudó las brillantes universidades de Viena y de Praga;
otros países, con Inglaterra a la cabeza, permitieron, e
incluso impulsaron la libertad de pensamiento y de prensa. Sólo
las autoridades de la Iglesia Católica Romana buscaron imponer
control, y por lo tanto fue contra esas autoridades contra las que
Acton tuvo que luchar primero. En su teoría general sobre
la libertad, Acton valoró la Iglesia como institución,
como también valoró otros cuerpos corporativos, como
un atenuador entre el Estado y los individuos, pero su experiencia
temprana mostró la necesidad de un atenuador entre el individuo
y la Iglesia institucional, e incluso estuvo dispuesto a invitar
al Estado menos autocrático a cumplir ese papel. En 1870
urgió a Gladstone a que se uniera a la protesta general de
los grandes poderes para prevenir la definición del dogma
de la infalibilidad papal. En 1871 vio a Dölinger excomulgado
por la Iglesia, pero protegido en su puesto en Munich por el hecho
de ser una universidad estatal. Acton estaba dispuesto a defender
la libertad por todos los medios contra todas las amenazas.
Esta
generalización de lo que había comenzado como una
defensa de la libertad intelectual dentro de la Iglesia, tomó
forma cuando Acton realizó su gran gira por los archivos
europeos a finales de la década de 1860. Lo que estas fuentes
mostraron fue la "falsedad convencional" de los historiadores
católicos, su práctica de la falsedad y la supresión
de la verdad para favorecer los intereses o la reputación
de la Iglesia. Para quien su compromiso con la verdad era parte
integral de su religión, esta perversión de la obligación
moral de los historiadores, por parte de la religión, estaba
fundamentalmente mal. Lo que especilamente horrorizó a Acton
fue que los hechos particulares suprimidos por los historiadores
falaces tenían que ver con crímenes cometidos por
líderes de la Iglesia, incluyendo papas y santos, particularmente
el consentimiento del asesinato de acuerdo a los intereses de la
Iglesia y la práctica de la persecución a muerte.
La moralidad de Acton en estos temas era simple, simplista quizás,
como su moralidad acerca de la verdad: matar es simplemente asesinato,
el peor de los crímenes. Y las autoridades de la Iglesia
habían practicado la persecución; papas y santos habían
autorizado la muerte de herejes; los teólogos habían
justificado esas cosas como doctrina; y los historiadores simplemente
habían suprimido o justificado esos hechos. La persecución
se convertiría en la piedra de toque de la moralidad histórica
de Acton, elevando las críticas a su Iglesia del plano eclesiástico
al plano ético. No fue sólo una crítica a la
Iglesia. El Estado, en particular las monarquías absolutas,
había estado envuelto en la persecución y el asesinato
político con no menos vigor. De modo que el odio creciente
de Acton hacia la persecución se unió a su antiguo
odio al absolutismo, inicialmente formado bajo la influencia de
Burke pero ahora tomando forma en el contexto de una preocupación
particular como historiador.
Ästa
era una preocupación que diferenciaba a Acton de Dölinger
en sus mentalidades históricas. Era una diferencia que Isaiah
Berlin ilustraría con la analogía del erizo y el zorro:
el zorro sabe muchas cositas pequeñas, mientras que el erizo
sabe una cosa grande. Dölinger, el veterano historiador, conocía
todo tipo de mentiras de los historiadores y todo tipo de crímenes
eclesiásticos, pero las conocía por separado. Acton
pudo generalizarlas como un sistema invadiendo la historia en general,
porque las conoció de golpe y cuando era relativamente joven.
En 1867 Pío IX canonizó al famoso inquisidor Pedro
Arbués. Para Dölinger esto significó que la Iglesia
había santificado el principio de la persecución,
y se encontró en una oposición ética contra
Roma. Para Acton, quien ya estaba en oposición, Arbués
era sólo una parte más del sistema, una mera ilustración
de un sistema de mentiras y asesinatos.
El
juicio de Acton sobre la Iglesia a través de la historia
fue tan severo que hizo que su oposición a un evento, la
definición de la infalibilidad papal en el Concilio Vaticano
I de 1870, fuera menos fundamental que para Dölinger. Acton
concordaba con Dölinger en que la posición de la infalibilidad
era tan peligrosa como el absolutismo, y que se basaba en un pasado
deficiente. Dölinger se opuso al dogma como esencialmente falso
y prefirió la excomunión antes que someterse a él.
Acton sentía que la Iglesia de antes de 1870 tenía
tantos crímenes en su haber que la suma de un dogma no podía
inclinar más la balanza. Si Roma era la verdadera comunión,
lo seguía siendo a pesar de sus fallas. En su respuesta en
1874 al ataque de Gladstone a la infalibilidad papal en relación
con la lealtad civil de los católicos, Acton señaló
numerosos casos en los que las autoridades de la Iglesia habían
sido culpables de crímenes políticos sin invocar la
infalibilidad papal; los católicos ingleses habían
ignorado los mandatos del papa en el pasado y un dogma recientemente
definido no cambiaría su lealtad civil. Así justificaba
a los católicos de entonces, revelando los errores de la
Iglesia histórica. Acton utilizó la ocasión
para hacer una última demanda por la libertad de la historia
de la Iglesia: "Estaría bien si los hombres nunca hubieran
caído en el error de suprimir la verdad y alentar el error
para una mejor seguridad de la religión que yo deshonrara
y traicionara a la Iglesia si abrigara una sospecha de que las evidencias
de la religión pudieran ser debilitadas o las autoridades
del Concilio socavadas por el conocimiento de los hechos con los
que he estado tratando." La fe de Acton trascendió a
la historia. La Iglesia enseñaba una verdad divina que no
podía ser comprometida por las acciones de hombres, incluso
papas y santos. Mientras más exponía Acton los crímenes
de hombres de la iglesia, más se aseguraba en su fe. Era
muy exigente con la Iglesia que amaba.
Después
de que la crisis vaticana hubo terminado, a fines de la década
de 1870, Acton formuló su plan para lo que hubiera sido su
opera magna, la Historia de la Libertad, que ha sido llamada el
libro más importante que nunca fue escrito. No es exactamente
cierto que no haya sido escrito nunca. Sus conferencias sobre la
Historia de la Libertad, dictadas en 1877 y recientemente publicadas
por el Acton Institute, proveen un prospecto de setenta páginas
del trabajo mayor, una vista panorámica brillante del magnífico
tema. Sus conferencias en Cambridge sobre Historia Moderna están
animadas por su madura teoría de la historia de la libertad,
casi como si hubiera retomado el tema y lo hubiera completado bajo
otro aspecto. Pero el proyecto como Acton lo había formulado
a fines de la década de 1870 fue, en efecto, abortado a principio
de los 80, como lo explicaré en breve. Ese proyecto, de todas
maneras, era bastante estrecho y cubría cerca de 150 años,
desde la década de 1680 hasta 1830, con una temática
Whig, no la amplitud casi universal de las conferencias sobre la
Historia de la Libertad, ni siquiera las conferencias sobre historia
Moderna de Cambridge. Las notas a éstas, publicadas en 1994
por George Watson, contienen aforismos brillantes, pero sugieren
que la conexión narrativa pudo haber sido desilusionante.
El más grande libro que nunca fue escrito puede deber su
grandeza al hecho de que nunca fue escrito.
Lo
que puso fin al proyecto de la Historia de la Libertad fue la crisis
moral que trajo consigo la ruptura de Acton con Dölinger. Esto
se originó en la idea de Acton sobre la función moral
de los historiadores. El tema aquí era la persecución,
la que Acton había considerado simplemente como asesinato,
según el consenso común el más atroz de los
crímenes. La persecución religiosa, asesinato para
el beneficio de la Iglesia, fue la peor de todas. Precisamente porque
el crimen de la persecución tenía su origen en lo
que debe ser la fuente de la moralidad, debía ser vigorosamente
condenado. Más aún, no era un crimen privado: era
ejercido por la autoridad pública para un fin público,
y así corrompía toda la sociedad. Peor aún,
la persecución era justificada por teóricos, de modo
que se perpetuaba como una doctrina para el futuro. El mal había
llegado al corazón de la Iglesia; era con palabras de Acton
"el demonio tratando de pasar desapercibido detrás del
Crucifijo." Aquí Acton funde su moralidad y su historia.
Äl pensaba que la moralidad y la historia compartían
el mismo terreno "científico:" el asesinato podía
servir como un objetivo estándar del mal en ambas. En este
punto básico la moralidad debe ser mantenida por el historiador.
Como un historiador de las ideas, Acton estaba muy preocupado por
la idea de la persecución. Peor que el mismo asesino era
el teórico que justifica el asesinato, y el historiador que
los defiende o incluso falla al condenarlos a ambos no es mejor
que ellos. El historiador no puede ser moralmente indiferente ("objetivo"
en nuestro lenguaje actual): debe ser un juez, aplicando los estándares
morales como canon de juicio, sin admitir excepciones. Por supuesto
debe juzgar más duramente a los mejores hombres, a aquellos
que deberían saber más. De modo que Acton criticaba
más a los católicos que a los protestantes, a los
clérigos más que a los laicos, a los papas y santos
más que a todos.
El
rigor ético aplicado a la historia es lo que provocó
la ruptura de Acton con Dölinger. El incidente que causó
esta ruptura parece insignificante comparado con la absoluta diferencia
de principios que Acton vio en esto. En 1879 Dölinger escribió
el prefacio de una carta a un artículo obituario, para nada
crítico, sobre el obispo francés Dupanloup. Acton
consideraba a Dupanloup dispuesto a justificar los peores abusos
del papado de modo que no era mejor que aquellos que cometieron
crímenes en nombre de la Iglesia. Se sorprendió al
descubrir que Dölinger no estaba de acuerdo con él.
Dölinger se rehusó a condenar a los hombres sólo
por su debilidad, prefiriendo explicar más que juzgar; Acton
juzgaba a los hombres inmediatamente, sin dar lugar a la moralidad
de épocas pasadas. Lo que siguió a este hecho fue
la revelación para Acton de que ni siquiera su amigo y mentor
compartía su rigor ético, que estaba absolutamente
aislado en su posición fundamental. El impacto de esta revelación
paralizó las facultades creativas de Acton por varios años.
A
mediados de la década de 1880 Acton regresó a su trabajo
histórico, como parte de un movimiento destinado a crear
la profesión histórica en Inglaterra, convirtiéndose
en uno de los fundadores del English Historical Review. Cuando el
editor, Mandel Creighton, un clérigo anglicano, invitó
a Acton a revisar su propia History of the Papacy (Historia del
Papado), Acton produjo una revisión severa criticando la
falla de Creighton para condenar a los papas de la época
de la Reforma. En la correspondencia subsiguiente, en la que Creighton
tenía el mejor argumento, Acton pronunció su famosa
frase sobre el poder que tiende a corromper y el poder absoluto
a corromper completamente. Esto es más comúnmente
citado en un contexto político, como una condenación
del absolutismo del Estado, que Acton odiaba profundamente. Pero
en este caso, su dicho pretendía ser una norma de la crítica
histórica, una advertencia acerca de la mitigación
del juicio. "No puedo aceptar su regla de que debemos juzgar
al papa y al rey distinto a otros hombres, con la presunción
favorable de que no hicieron ningún mal. Si hubiera alguna
presunción sería en contra de los que ostentan el
poder, y aumentaría [la presunción] a medida que el
poder aumentara. La responsabilidad histórica debe compensar
el deseo de responsabilidad legal. El poder tiende a corromper,
y el poder absoluto corrompe completamente. No hay peor herejía
que la oficialidad santifique a quien posee el poder. La integridad
inflexible del código moral es, para mí, el secreto
de la autoridad, la dignidad, la utilidad de la historia. Si debiéramos
alterar el consenso general en beneficio del genio, o éxito,
o rango, o reputación, deberíamos alterarlo en benficio
de la influencia de alguien, de su religión, de su partido,
de la buena causa que se beneficia con su reputación y se
resiente con su desgracia. Entonces la historia deja de ser una
ciencia, un árbitro de controversia, una guía para
el extraviado, una defensora de los valores morales que los poderes
de la tierra y la religión constantemente tienden a degradar."
Ästa
fue la misión más noble que se haya asignado a los
historiadores, pero puede haber sido la más imposible. Por
empezar, no había un consenso de cómo debía
aplicarse el código moral. Más importante aún,
la historia profesional es el estudio del contexto, y no del texto.
Los historiadores están entrenados para ubicar las acciones
y eventos en el contexto del tiempo y el lugar, consideraciones
estas que son fatales para una moralidad absoluta que es atemporal
y universal. Como lo explica Owen Chadwick, hay una tensión
entre "la comprensión histórica y la convicción
moral": "el juicio moral," que es "la esencia
del hombre," "corrompe al historiador." La profesionalización
de la disciplina histórica significó que los historiadores
no pudieron aceptar la función moral que Acton proponía
para ellos. Fueron reducidos de las historias universales a monografías,
y de árbitros morales a una objetividad necesaria pero sin
valores. Aún así Acton, aislado pero admirado, siguió
involucrado con la historia y los historiadores. Recibió
su premio cuando en 1895 fue designado Profesor Regio de Historia
Moderna en la Universidad de Cambridge, potencialmente la posición
más influyente que puede ostentar un historiador.
Es
costumbre para los profesores de Cambridge que inicien su cátedra
con una conferencia inaugural, y Acton aprovechó la ocasión
para profesar su credo histórico. Concisamente reexpuso su
tema de la historia de la libertad definiendo "la Unidad de
la Historia Moderna" (el período desde el Renacimiento)
como un constante "progreso en la dirección de una libertad
organizada y asegurada," lo que él consideraba como
la tarea de la Providencia a través de la historia y percibida
por los historiadores. Luego Acton se dedicó al desarrollo
de la historia científica en el siglo diecinueve -bajo la
influencia de Ranke, a quien describió como su "maestro"-
investigadora de archivos, crítica de las fuentes, y sobre
todo imparcial. Sugirió la necesidad y también las
limitaciones de la historia científica, "una disciplina
a la que todos hacemos bien en someternos, y a la que quizás
también hacemos bien en renunciar." Esto llevó
a su sección final, preguntándose si él tenía
" alguna propuesta esencial, que pudiera servir como su epígrafe
selecto, como una última señal, quizás incluso
como un objetivo." Su respuesta fue reasegurar su doctrina
de los historiadores como jueces morales: "los exhorto a que
nunca alteren la norma moral o que bajen los estándares de
rectitud, sino a que prueben a otros por el precepto que gobierna
nuestras propias vidas, y a no tolerar a ningún hombre o
a ninguna causa para escapar a la condena inmortal que la historia
tiene el poder de otorgarle al mal," ya que "si bajamos
nuestros estándares en la historia, no podremos defenderlos
en la Iglesia o el Estado."
Äste
era un ideal noble y grandioso; expresado con una elocuencia inusual
en Acton; pero también era imposible. Acton fundó
una escuela de Historia en Cambridge, pero no fue una escuela de
historia actoniana, la que él fue el primero y único
en practicar. Los historiadores se han dedicado desde entonces a
una mera objetividad, como lo mejor que pueden obtener. Acton debe
haber sabido que estaba lanzando una protesta desesperada contra
la tendencia inexorable de la profesión histórica
que estaba ayudando a fundar. Había sugerido que era "una
última señal, quizás incluso como un objetivo";
y su gran exhortación comenzó con un reconocimiento
de que "el peso de la opinión está en mi contra."
Habiendo lanzado su protesta, Acton dedicó el resto de su
carrera en Cambridge a trabajar con los historiadores en sus propios
términos, aceptando las limitaciones de éstos. Sus
propias conferencias seguían avanzando sobre sus temas, pero
el último gran proyecto de su vida, la Historia Moderna de
Cambridge, lo forzó a admitir que la objetividad (él
prefería decir "imparcialidad") era lo más
que podía pedir a sus colegas.
El
prospecto de Acton de 1896 para la Historia Moderna de Cambridge
preveía la oportunida de "documentar la plenitud del
conocimiento que el siglo diecinueve está a punto de dejar
como legado," basada en una investigación crítica
en archivos, y que sería producida por una "división
de tareas" en la que cada capítulo sería escrito
por el erudito de habla inglesa más competente en el tema.
¿Pero cómo esa cantidad de hombres conseguirían
una consistencia en la aproximación a los temas? o ¿cómo
podría atarse a escritores eminentes a un tema común?
La única respuesta era insistir en la absoluta imparcialidad,
en evitar cualquier punto de vista. "Evitaremos la inútil
presentación de opiniones, y el servicio a una causa. Los
que contribuyan comprenderán que estamos ubicados no bajo
el meridiano de Greenwich, sino a 30 grados de longitud oeste"
-o sea, no en un país determinado, sino en medio del Océano
Atlántico. Sin duda Acton esperaba que el trabajo terminado
(que planeó pero no vivió para publicar) manfestaría
su tema de la unidad de la historia moderna como un progresar hacia
la libertad, pero ésto debía lograrse por la organización
de los volúmenes y los capítulos, y no por la afirmación
de una postura.
Este
énfasis en la neutralidad era el tema principal en las cartas
que Acton envió en 1898 a los que contribuirían en
esta Historia. "Nuestro esquema requiere que nada pueda revelar
el país, la religión o el partido al que pertenecen
los escritores. Esto es esencial no solamente porque la imparcialidad
es la característica de la historia legítima, sino
porque el trabajo se lleva a cabo por hombres que actúan
juntos con el único objetivo de aumentar el conocimiento
preciso. La presentación de opiniones personales llevará
a tal confusión que desaparecerá toda la unidad diseñada
para el trabajo." En efecto, Acton reconoció que estaba
guiando un equipo que sólo podría mantenerse junto
por la imparcialidad, incluso no podía arreglar un diseño
distinto al que surgiría naturalmente de la estructura como
un todo. Ya que para alguien de tan amplia visión de la historia
y tan alto concepto de la función moral de los historiadores,
la mera objetividad puede haber parecido un bajar los estándares,
pero la objetividad era meramente práctica, y representaba
el único estándar que podrían lograr los historiadores.
El
ideal de Acton de los historiadores como jueces, como defensores
de los estándares morales, es el ideal más noble propuesto
para los historiadores; y es un ideal que ha sido rechazado, quizás
con un respeto mezquino, por todos los historiadores, incluso yo
mismo. Nosotros, los historiadores de jornada laboral, no podemos
buscar más que lograr un alto grado de mediocridad, y no
podemos tener un ideal más alto que la segunda opción
de Acton, la imparcialidad u objetividad. En este sentido, y también
por su relativa falta de publicaciones, Acton fue, de algún
modo, un historiador fallido. Aún así sigue siendo
relevante para los historiadores, no como un modelo sino como un
desafío. Si Acton está ubicado a la extrema derecha
de los historiadores, demandando algo más que objetividad,
hay una extrema izquierda significativa que eliminará la
objetividad, y muchos otros que modificarán profundamente
ese estándar, que ya es moderado. Su crítica se basa
en la observación de que es difícil o incluso imposible
para el historiador alcanzar el estándar de objetividad,
que siempre estará afectado por su tiempo, su lugar, su credo
e incluso quizás su género. Ästo puede ser aplicado
constructivamente como un llamado a los historiadores a reconocer
sus limitaciones y a hacer lo mejor posible. Pero también
se ha usado como una justificación para abandonar cualquier
estándar, para colocar al historiador por encima de los documentos
históricos, negando que hay una objetividad de los hechos,
y permitiendo a un historiador individual crear su propio pasado
-el equivalente histórico del deconstruccionismo y otras
tendencias postmodernas en los estudios literarios. Para esto, Acton
en su aislamiento, sirve como una contraparte, una fuerza compensatoria
que le permite al centro resistir. Acton sirve no como un ejemplo
sino como un contra-ejemplo para los historiadores de hoy, proveyendo
un estándar que no seguimos, pero que nos permite, por lo
menos, rechazar el directamente opuesto.
Hay
muchos fracasos en la carrera de Acton, ya sea como católico
liberal, como político o como historiador. En la década
de 1970 hubo una crítica a los estudios continuos sobre semejante
fracaso, y Sir Geoffrey Elton incluso propuso una moratoria sobre
los estudios de Acton. Aún así, en estos años
del centenario, los estudios sobre Acton son una pequeña
industria próspera, que sugiere que hay algunos fracasos
que son más interesantes, e incluso más valiosos,
que lo que puede ser el mero éxito. Si Acton hubiera sido
un éxito de acuerdo a sus estándares o incluso a los
nuestros, hubiera sido un objeto menos instructivo para nuestro
estudio. El espectáculo de semejante hombre condenado al
fracaso no por la limitación de su pensamiento sino por sus
propios estándares demasiado rigurosos es inmediatamente
una fuente de humildad y de inspiración. El fracaso vale
especialmente la pena estudiarlo cuando revela la fortísima
integridad de la devoción de Acton por la conciencia, por
la verdad y por la libertad.
Profesor
Lord Acton
- Prólogo
- Introducción
- Profesor
Lord Acton
- Notas
Lord
Acton en la Revolución
- Prólogo
- Introducción
- Lord
Acton en la Revolución
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