Antonio
Rosmini (1797-1855)
“La
más grande actividad de la naturaleza y la única
actividad de la persona consiste en el uso de la libertad.
El uso natural y apropiado de la libertad es pues el más
grande bien subjetivo y el único bien de la persona
humana. Pero el uso natural y apropiado de la libertad es
la virtud moral. Luego, el máximo bien de la naturaleza
y de la persona humanas es la virtud moral.”
Antonio
Rosmini es para muchos el segundo gran pensador de Italia
después de Santo Tomás de Aquino y seguramente
uno de los más grandes filósofos cristianos
de la Modernidad. El italiano Michele F. Sciacca lo describió
como “el mayor pensador italiano del siglo XIX y uno
de los hombres más eminentes por su altura de ingenio,
vastedad de cultura y santidad de costumbres que haya jamás
honrado Italia y el mundo civilizado” y el poeta Alessandro
Manzoni, su gran amigo hasta el momento mismo de su muerte,
declaró que se trataba de “un hombre del
que hay que anotar los defectos, porque, si se olvidan, la
excelsitud de sus virtudes harían creer que nos encontramos
ante un ser sobrehumano.” Por lo demás,
Rosmini no sólo ha sido objeto de admiración
en el mundo católico, sino también en amplios
círculos no-cristianos.
Sin
duda, estos elogios no son exagerados. En efecto, este filósofo
y teólogo italiano, quien vivió en el centro
de la tormenta espiritual y social desatada en Europa por
el Iluminismo, la Revolución Francesa y la Revolución
Industrial, supo formarse durante su juventud en el realismo
especulativo de los Padres y Doctores de la Iglesia pero no
para volver a la Escolástica y al Medioevo sino para
dar una respuesta amplia y profunda a las exigencias del pensamiento
moderno sin quedar comprometido con su aspecto de inmanentismo
subjetivista. En su vasta obra -que en la Edición Nacional
ocupa casi 90 tomos- acepta la inquietud moderna por una crítica
del conocimiento, refutando especialmente los errores del
empirismo sensista y de Kant y presentando la idea del ser
como una presencia objetiva y trascendente en el centro de
la persona humana, fundamento último del pensamiento
(Nuevo ensayo sobre el origen de las ideas). Desde este núcleo
realista, Rosmini desarrolla una obra metafísica que
compite de igual a igual con los grandes sistemas del idealismo
alemán (Teosofía, Teodicea), una lógica,
una antropología (Antropología al servicio de
la ciencia moral, Psicología), una ética, en
donde responde tanto al rigorismo kantiano como al utilitarismo
francés y británico (Principios de la ética),
una política, donde dialoga con los grandes clásicos
modernos como Rousseau, Bentham, Locke, Saint-Simon o Tocqueville
(Sumaria razón por la que permanecen o se arruinan
las sociedades humanas, La Sociedad y su fin, Constitución
según la Justicia Social, Ensayo sobre el Socialismo
y el Comunismo), una obra jurídica (Filosofía
del derecho), y una obra económica, en la que se destaca
su vasto conocimiento y admiración por los grandes
economistas clásicos -especialmente Adam Smith- y su
crítica al utilitarismo implícito en gran parte
de la nueva ciencia económica (opúsculos y escritos
varios). Rosmini también fue teólogo y desarrolló
un amplio pensamiento en temas de cristología (Antropología
Sobrenatural), eclesiología (Las cinco llagas de la
Iglesia), teología moral (la Caridad) y varios comentarios
a los Evangelios, entre otros escritos.
El
vasto pensamiento de Rosmini es imposible de sintetizar aunque
podrían mencionarse al menos cinco ideas-fuerza presentes
en su filosofía: 1) el proyecto de una filosofía
y una cultura cristiana moderna pero no-inmanentista; 2) la
profundización del planteo crítico del pensamiento
moderno que da como resultado en él no la subordinación
del ser al pensar (idealismo kantiano y hegeliano) sino del
pensar al ser (realismo); 3) la afirmación del hombre
como persona, es decir, como un ser dotado de una dignidad
absoluta e inviolable por la presencia en él de la
idea del ser objetiva y trascendente y de la libertad; 4)
una concepción de la acción humana que incluye
una dimensión utilitaria o “eudemonológica”
–como él la llama- por la que el hombre se mueve
motivado por el interés propio pero que está
subordinada a una dimensión moral por la que trasciende
este interés y puede valorar y actuar de acuerdo a
la realidad y al bien objetivos y así alcanzar la virtud
moral, fin último de toda acción humana; 5)
una filosofía de la sociedad, la política y
la economía que rechaza especialmente al utilitarismo
utópico socialista y estatista y también al
utilitarismo liberal y tiene como centro un liberalismo moderado
basado en el respeto absoluto a la persona como “derecho
humano subsistente” y, a partir de éste, busca
lograr la mejor conservación, el mayor crecimiento
y la más justa distribución posibles de la libertad
y la propiedad personales dentro del marco de la ética,
del derecho (individual y social), la prudencia política
y la caridad cristiana.
En su tiempo (y aún
después de su muerte) Rosmini sufrió malas interpretaciones
que le valieron acusaciones de heterodoxia para algunas de
sus doctrinas. En la actualidad su obra ha sido completamente
reivindicada especialmente por el actual Pontífice
y es estudiada con entusiasmo y dedicación en varios
lugares del mundo.
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