Comentario del mes
 


El Derecho a la Libertad de Enseñanza
por Gabriel Zanotti

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Últimamente, tanto en la Argentina como en otras naciones, se está volviendo a una contraposición entre la Iglesia y el estado, respecto a temas educativos, que en cierto sentido había sido superada por el Constitucionalismo moderno.

Cuando el iluminismo de corte positivista influyó en las nacientes repúblicas europeas del s. XIX (también en las colonias americanas, excepto EEUU), los gobiernos toman la educación en sus manos como un bastión de su “gestión cultural”. Los estados-nación debían basarse en ciertos contenidos culturales comunes (idioma nacional, historia nacional, educación enciclopédica) y por consiguiente sus gobiernos emprendieron la tarea de “redimir en la razón” a los ciudadanos para que dejaran de ser súbditos. Por supuesto, fue una ilusión, porque pasamos a ser súbditos de un racionalismo que a todos nos envuelve como creencia cultural, sin que nos demos cuenta. Pero, más allá de eso, pasados los primeros tiempos de un duro laicismo, la educación privada siguió abriéndose paso, ya no como un instrumento de las confesiones religiosas “contra” el monopolio de los gobiernos, sino también como el legítimo derecho de toda persona a decidir sobre la educación de sus hijos.

Sin embargo, la historia de la educación privada en el s. XX muestra, en algunos casos, que se considera vencido el monopolio escolar por parte del estado con la sola existencia de institutos privados desde un punto de vista de la administración, pero que sin embargo deben seguir los planes y programas de estudio de los gobiernos. Esto, en sus tres niveles, pero no es poco frecuente (y la Argentina es un buen ejemplo) que ese tipo de monopolio escolar sea de tipo federal.

De este modo, la opinión pública en general, y católicos en particular, han perdido de vista, en estos debates, la cuestión de la libertad de enseñanza. Ahora, que ciertos “issues” afectan particularmente (como por ejemplo la educación sexual) el debate no sólo pasa por tal o cual tipo o contenido de planes y programas, sino por el derecho que los padres tienen a decidir en esas materias. No es cuestión de “si debe haber o no educación sexual en los colegios”, así, in abstracto y en general, sino que los colegios privados, si son tales, tienen del derecho a no seguir el programa estatal si así les parece. Esto es, se trata de quebrar verdaderamente el monopolio escolar en materia educativa.

Por supuesto, no es todo. Atenta contra la sana conciencia de cualquiera que temas tan delicados sean tratados indiscriminadamente en un aula llena de pequeñas criaturas atentando contra su natural sentido de la intimidad y el pudor. Pero, si ello sucede en institutos del estado, al menos “debería estar fuera de discusión” que ello no debe extenderse a los institutos privados. Pero no. No está fuera de discusión, es más, ni siquiera se plantea el tema. Y ese es el problema.

El Instituto Acton, que tiene como misión la difusión de los principios de una sociedad libre y virtuosa, en armonía con los principios cristianos, no olvida que la libertad en la economía no es más que una extensión del principio de libertad humana en tanto ejercicio de los derechos de la persona. Hay distinción entre Iglesia y estado sencillamente porque existe el derecho a la libertad religiosa. Y debe haber distinción entre estado y educación sencillamente porque existe, aunque no se pida, aunque no se respete, aunque no se ejerza, el derecho a la libertad de enseñanza.

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