Comentario del mes
 


Continuidad de la enseñanza pontificia sobre la economía y las virtudes
por Ricardo F. Crespo

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De todas las enseñanzas de Juan Pablo II sobre la economía me parece que la más relevante es que, para él, la clave del progreso está en una serie de virtudes humanas que son su motor. Por eso, la suya es una enseñanza más positiva que condenatoria de formas injustas.

Juan Pablo II hacía radicar el progreso económico en este desarrollo virtuoso. Habría un ‘círculo virtuoso’ virtudes-riqueza. Una cita, notablemente paradigmática en este sentido, proviene de un discurso pronunciado, en Santiago de Chile el 3 de abril de 1987, en ocasión de su visita a este Cono Sur. Dice así:

“Las causas morales de la prosperidad son bien conocidas a lo largo de la historia. Ellas residen en una constelación de virtudes: laboriosidad, competencia, orden, honestidad, iniciativa, frugalidad, ahorro, espíritu de servicio, cumplimiento de la palabra empeñada, audacia; en suma, amor al trabajo bien hecho. Ningún sistema o estructura social puede resolver, como por arte de magia, el problema de la pobreza al margen de estas virtudes; a la larga, tanto el diseño como el funcionamiento de las instituciones reflejan estos hábitos de los sujetos humanos, que se adquieren esencialmente en el proceso educativo y conforman una auténtica cultura laboral”. (1)

Por el contrario, la ausencia de estas virtudes incide fuertemente en la pobreza. En Centesimus annus considera como la

“ineficiencia del sistema económico (...) no ha de considerarse como un problema puramente técnico, sino más bien como consecuencia de la violación de los derechos humanos a la iniciativa, a la propiedad y a la libertad en el sector de la economía” (n. 24). “Durante mucho tiempo”, sigue, “las relaciones económicas más elementales han sido distorsionadas y han sido zaheridas virtudes relacionadas con el sector de la economía, como la veracidad, la fiabilidad, la laboriosidad” (n. 27).

Para Juan Pablo II, cabe un papel clave al derecho a la iniciativa que proclamó en la Encíclica Sollicitudo rei socialis (n. 15). Éste conduce al espíritu de iniciativa, la subjetividad creativa del ciudadano, necesario motor del progreso.

Es decir, si el hombre no busca su propio perfeccionamiento, la economía no progresa. En los pueblos en los que los hábitos buenos de los sujetos humanos se han generalizado, el progreso económico no es sólo posible sino también necesario. En cambio en aquellos donde se han minado estas virtudes, se inicia un ‘círculo vicioso’, vicios económicos–pobreza. Parece obvio entonces que, puestos a construir el progreso económico de una nación, lo prioritario es educar en estas virtudes. Los sistemas solos no hacen nada. En cambio, es casi impensable un pueblo laborioso, honesto, competente, ordenado, fiable, audaz, y pobre al mismo tiempo. Por eso, lo importante es la educación, y el trabajo paciente que serán lo que traerá a la larga la prosperidad.

La enseñanza de Benedicto XVI parece ser la misma. Aunque en tan poco tiempo de pontificado aún no ha podido escribir ninguna Encíclica social podemos rastrear sus ideas personales, las del Cardenal Ratzinger. Decía en 1985:

“Aún cuando el mercado se apoya en el ordenamiento del individuo en el marco de una red determinada de reglas, no puede hacer superfluo al hombre o excluir su libertad moral del mundo económico. Cada vez es más claro que el desarrollo de la economía mundial tiene relación con el de la comunidad mundial y de la familia universal del hombre, y que el desarrollo de los poderes espirituales de la humanidad es esencial para el desarrollo de la comunidad mundial. Estos poderes espirituales son, ellos mismos, un factor de la economía: las reglas del mercado funcionan sólo cuando existe un consenso moral que las sostiene” (2).

En fin, como responsables que somos todos del progreso de nuestros ámbitos más cercanos –la familia, la empresa– y de nuestro país, no perdamos de vista que el factor más importante es el desarrollo de las virtudes humanas. Y como nadie de lo que no tiene, comencemos por mirar y esforzarnos en las nuestras.

(1) http://humanitas.cl/biblioteca/articulos/d0174/

(2) http://www.acton.org/publicat/occasionalpapers/ratzinger.html

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