De
todas las enseñanzas de Juan Pablo II sobre la economía
me parece que la más relevante es que, para él,
la clave del progreso está en una serie de virtudes
humanas que son su motor. Por eso, la suya es una enseñanza
más positiva que condenatoria de formas injustas.
Juan
Pablo II hacía radicar el progreso económico
en este desarrollo virtuoso. Habría un ‘círculo
virtuoso’ virtudes-riqueza. Una cita, notablemente paradigmática
en este sentido, proviene de un discurso pronunciado, en Santiago
de Chile el 3 de abril de 1987, en ocasión de su visita
a este Cono Sur. Dice así:
“Las
causas morales de la prosperidad son bien conocidas a lo largo
de la historia. Ellas residen en una constelación de
virtudes: laboriosidad, competencia, orden, honestidad, iniciativa,
frugalidad, ahorro, espíritu de servicio, cumplimiento
de la palabra empeñada, audacia; en suma, amor al trabajo
bien hecho. Ningún sistema o estructura social puede
resolver, como por arte de magia, el problema de la pobreza
al margen de estas virtudes; a la larga, tanto el diseño
como el funcionamiento de las instituciones reflejan estos
hábitos de los sujetos humanos, que se adquieren esencialmente
en el proceso educativo y conforman una auténtica cultura
laboral”. (1)
Por
el contrario, la ausencia de estas virtudes incide fuertemente
en la pobreza. En Centesimus annus considera como
la
“ineficiencia
del sistema económico (...) no ha de considerarse como
un problema puramente técnico, sino más bien
como consecuencia de la violación de los derechos humanos
a la iniciativa, a la propiedad y a la libertad en el sector
de la economía” (n. 24). “Durante mucho
tiempo”, sigue, “las relaciones económicas
más elementales han sido distorsionadas y han sido
zaheridas virtudes relacionadas con el sector de la economía,
como la veracidad, la fiabilidad, la laboriosidad”
(n. 27).
Para
Juan Pablo II, cabe un papel clave al derecho a la iniciativa
que proclamó en la Encíclica Sollicitudo
rei socialis (n. 15). Éste conduce al espíritu
de iniciativa, la subjetividad creativa del ciudadano,
necesario motor del progreso.
Es
decir, si el hombre no busca su propio perfeccionamiento,
la economía no progresa. En los pueblos en los que
los hábitos buenos de los sujetos humanos se han generalizado,
el progreso económico no es sólo posible sino
también necesario. En cambio en aquellos donde se han
minado estas virtudes, se inicia un ‘círculo
vicioso’, vicios económicos–pobreza. Parece
obvio entonces que, puestos a construir el progreso económico
de una nación, lo prioritario es educar en estas virtudes.
Los sistemas solos no hacen nada. En cambio, es casi impensable
un pueblo laborioso, honesto, competente, ordenado, fiable,
audaz, y pobre al mismo tiempo. Por eso, lo importante es
la educación, y el trabajo paciente que serán
lo que traerá a la larga la prosperidad.
La
enseñanza de Benedicto XVI parece ser la misma. Aunque
en tan poco tiempo de pontificado aún no ha podido
escribir ninguna Encíclica social podemos rastrear
sus ideas personales, las del Cardenal Ratzinger. Decía
en 1985:
“Aún
cuando el mercado se apoya en el ordenamiento del individuo
en el marco de una red determinada de reglas, no puede hacer
superfluo al hombre o excluir su libertad moral del mundo
económico. Cada vez es más claro que el desarrollo
de la economía mundial tiene relación con el
de la comunidad mundial y de la familia universal del hombre,
y que el desarrollo de los poderes espirituales de la humanidad
es esencial para el desarrollo de la comunidad mundial. Estos
poderes espirituales son, ellos mismos, un factor de la economía:
las reglas del mercado funcionan sólo cuando existe
un consenso moral que las sostiene” (2).
En
fin, como responsables que somos todos del progreso de nuestros
ámbitos más cercanos –la familia, la empresa–
y de nuestro país, no perdamos de vista que el factor
más importante es el desarrollo de las virtudes humanas.
Y como nadie de lo que no tiene, comencemos por mirar y esforzarnos
en las nuestras.
(1)
http://humanitas.cl/biblioteca/articulos/d0174/
(2)
http://www.acton.org/publicat/occasionalpapers/ratzinger.html
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